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presente exposición marca sutiles, pero significativas
variaciones, en la obra de Navarro. Sin embargo permanecen ciertas
inquietudes que son constantes a su obra, tales como su perseverante
preocupación por la figura humana, el desenfado en el manejo
del color, la generosidad de su pincelada suelta, abierta y atrevida,
y esa mirada indiscreta que nos permite adentrar en la psiquis
de sus peculiares personajes. Estos últimos vistos casi
siempre en circunstancias ambiguas y expresiones enigmáticas,
ámbito natural en la obra del artista.
El
tratamiento y selección de nuevos temas, y en especial
la decisión manifiesta de y consciente de inspirarse en
obras conocidas dentro de la historia del arte, hacen evidente
una de las indiscutibles fortalezas de la obra del artista: La
capacidad de seguir explorando vías expresivas y desarrollando
a su vez nuevas posibilidades, en un lenguaje plástico
que se distingue por una fuerte impronta personal. Una obra que
pese a la vehemencia de su discurso, no deja de parecer cándida
por lo franco del planteamiento de los temas y por lo cercano
que se muestra a cada uno de nosotros. No olvida el artista e
pacto de complicidad que cumple con el espectador en cada tela.
Entre
las obras que Navarro interpreta se distingue “DURMIENTE”,
inspirada en “EL NACIMIENTO DE VENUS” de Alexandre
Cabanel, en la que nuestro artista se vale de un lenguaje lleno
de lirismo hasta ahora poco usual en su obra. La Venus mitológica
de Cabanel es despojada por Navarro del coro de puttis que rodean
la primera, convirtiéndola así en una mujer mortal
de perladas carnes trémulas y sueño intranquilo,
levitando en un espacio equívoco y lleno de ambigüedad
característico de la obra de Navarro.
“ULTRALIVIANO”,
inspirado en uno de los personajes del fresco de Luca Signorelli
“LOS CONDENADOS”, nuevamente se vale de inquietante
espacio equívoco donde la figura parece precipitarse sobre
un fondo de nubes trabajado en planos superpuestos. Fondo que
resuelve conciliando perfectamente dos recursos fundamentales
que el artista siempre ha manejado con soltura. Por un lado el
cuidadoso manejo del color, destacándose los destellos
dorados que iluminan, da profundidad y volumen a fondo. Por otro
lado, el esmerado efecto de textura que añade dramatismo
a la impresión general de la obra.
Sandro
Botticelli, Egon Schiele, Signorelli, entre otros han servido
de inspiración a Navarro para reinterpretar y crear con
sus propios recursos, imprimiendo a cada uno su característica
personal de lectura.
Totalmente
recuperado de una parca ceguera que padeció durante unos
meses, no se puede hablar de su nueva obra sin notar la revalorización
de los recursos ópticos de su trabajo, en especial su renovado
interés en el detalle. “BALCONEANDO”, “LAS
TRES GRACIAS”, “REINA DE CARNAVAL” y “LA
SIESTA” reivindican en su atrevida paleta la importancia
del color y las texturas complejas en su obra. Aspecto íntimamente
vinculado a la provocadora selección de temas tan característicos
en él. La natural irreverencia del artista ante lo convencional,
resulta en un arriesgado manejo de las formas, la perspectiva
y los elementos de composición que permiten la expresión
franca e irrestricta de los deseos del artista.
“ENSILLADA”,
personaje enigma que parece intentar descifrar los misterios de
la cercana oscuridad que la rodea, parece resumir – si resumir
pudiera – el temor del artista hacia un mundo sin luz sin
forma y sin color. Sola en un sillón, la mujer mito, el
personaje enigma, escruta los secretos de las sombras y se enfrente
sola ante el misterio de la nada.
En
esta nueva obra tal vez la más personal y entrañable
hasta el momento, Eduardo Navarro se permite recorrer los caminos
de los grandes maestros en un viaje de regreso hacia sí
mismo, en el que de paso nos abre los ojos al mundo paralelo de
los sueños, de los mitos y de las sombras.
Doctora
Angeles Ramos Baquero
Historiadora y Crítica de Arte
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